El país estonio esconde una emergente producción vitivinícola que sorprende con vinos a base de manzanas, bayas y otros productos tradicionales de la gastronomía local.
No es posible entender Estonia sin degustar su tradicional gastronomía y experimentar la estrecha relación que los estonios mantienen con las artes culinarias. En las mesas no faltan los productos frescos y de temporada, sazonados con un saber hacer centenario y acompañados de cervezas artesanales, mõdu (una bebida a base de miel), kali, (una root beer de baja graduación) y, por supuesto, sus singulares vinos.
Elaborados a partir de manzanas, de bayas, o de ruibarbo —una especie de verdura de tallos color rosa—, los vinos estonios presentan sabores y cualidades únicas. Sus originales combinaciones de ingredientes y las características del clima, de inviernos fríos y veranos moderados, garantizan un producto muy diferente al vino convencional. Por su aroma y dulzor, esta joya gastronómica es idónea para acompañar postres y no puede pasarse por alto en un viaje a Estonia.

Las recetas de estos vinos, que se remontan a la Edad Media, fueron transmitidas de generación en generación y no empezaron a elaborarse a gran escala hasta hace apenas cien años. Todavía hoy la producción vinícola del país se basa en esta arraigada tradición. Combinándola con elementos innovadores, se obtienen etiquetas mundialmente reconocidas que el viajero puede catar tanto en los restaurantes y bares estonios como en las propias bodegas.
Actualmente, el país cuenta con 23 bodegas que en 2022 elaboraron 77.000 litros de vino, solamente 6.500 de los cuales se produjeron a base de variedades locales de uva. Además de la manzana y el ruibarbo, la grosella negra o el diente de león fueron algunos de los atípicos protagonistas de las demás botellas. Siguiendo la Ruta del Vino de Estonia, es posible sumergirse de lleno en la historia de este icónico producto, catando las variedades de Uue-Saaluse winery o participando en un workshop vinícola en Saaremaa I winefactory, una bodega conocida por elaborar sorprendentes vinos de ortiga, tomates y hojas de roble.

En Valgejõe Veinivilla, la bodega más septentrional de Estonia, incluso puede disfrutarse de una experiencia wellness que combina sus vinos con la sauna estonia, mientras que Murimäe Veinikelder ofrece un sofisticado alojamiento para vivir de cerca el arte vinícola y participar en la creación del producto. Adicionalmente, algunas de las bodegas producen sidras de alta calidad a partir de frutas y bayas locales, aunque también existen sidrerías especializadas como Jaanihanso Cider House y Kodas Cider House. Casas solariegas, granjas o modernas bodegas urbanas completan la oferta, proponiendo experiencias y nuevos sabores para enamorar a los amantes del vino.
